Conexiones que desconectan
Kiara hizo una pausa de medio minuto en su paseo por Facebook, cogió su celular y le envió una cara feliz con puntos y paréntesis a su mejor amiga. Mientras tanto, el televisor le narraba lo último de la serie “Glee” y el reproductor de música digital armonizaba el momento. Así se relaciona Kiara con el mundo: conectada a todo, pero a nada particular.
El caso de Kiara no es especial. Es posible generalizar sin vacilación y afirmar que la mayoría de los jóvenes preadolescentes están sobreexpuestos a los medios de comunicación. Un estudio de exposición de medios en jóvenes estadounidenses de ocho a dieciocho años (Generation M2, de Keiser Foundation, 2010), reveló que estos invierten un promedio de siete horas y media diarias conectados a medios de entretenimiento. Además, que debido a esto utilizan varios medios simultáneamente, estos pueden llegar a exponer el equivalente de diez horas de contenido en el periodo de siete horas y media.
Pero más allá de señalamientos numéricos, ¿tendrá este comportamiento consecuencias mayores en la habilidad de los jóvenes para interactuar socialmente?
Las redes sociales digitales —como Facebook y Twitter— son dos de los medios que más utiliza este grupo para mantenerse conectados con sus compañeros y el mundo. Aunque estas plataformas promueven conductas de socialización, también impiden una comunicación no verbal.
Según el psicólogo y educador Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, los humanos desarrollamos nuestras destrezas para enfrentar problemas al aplicar siete inteligencias diferentes: la lingüístico-verbal, la lógico-matemática, la físico-kinestésica, la espacial, la musical, la interpersonal y la intrapersonal. Estas capacidades no son innatas, sino que se desarrollan con la práctica. Un individuo puede desarrollarlas todas, al igual que puede tener capacidades limitadas.
Según Howard, la comunicación no verbal es una parte clave para el desarrollo de la inteligencia interpersonal, ya que a través del contacto directo pueden distinguirse y percibir los estados emocionales y signos interpersonales de los demás. Ese contacto contribuye a responder de manera eficaz a dichas acciones. Las personas con gran capacidad interpersonal se distinguen por ser empáticos, son hábiles negociadores e inician relaciones con naturalidad.
Según este conocimiento, podemos inferir que las consecuencias sobre las capacidades sociales de los jóvenes son reales. El abuso de redes sociales digitales puede llegar a incapacitar la inteligencia interpersonal y afectar los comportamientos de socialización. Nuestros jóvenes están compensando la comunicación no verbal con otras conductas, que muy bien pueden significar a largo plazo una nueva forma de comunicación y de establecer lazos humanos.
Antes de responsabilizar a las redes sociales digitales o a la tecnología, me pregunto, ¿existirá tal cosa como inteligencia socio-digital? El tiempo y los expertos dirán.
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